…Tal costumbre hace a los hombres falsos y solapados. Quien puede sospechar en otro un delator, ve en él un enemigo. Entonces los hombres se acostumbran a enmascarar los sentimientos propios y, con el uso de escondérselos a otros, llegan finalmente a escondérselos a sí mismos. ¡Desgraciados los hombres cuando llegan a tal extremo!. Sin principios claros e inamovibles que los guían, vagan perdidos y fluctuantes en el vasto mar de las opiniones; permanentemente ocupados en salvarse de los monstruos que los amenazan , viven el momento presente amargado con la incertidumbre del futuro…
— Cesare Beccaria - De Los Delitos y Las Penas 3 years ago